La filosofía helenística responderá a la inestable época de los monarcas helenísticos, desviándose de la especulación desinteresada, hacia una busqueda de seguridad para el individuo. Sin embargo, muchas de las características de la filosofía helenística fueron heredadas de pensadores que se hallaban en actividad antes de la muerte de Alejandro. La necesidad general, en el mundo helenístico, de un sentido de identidad y de una guía moral, puede ayudar a explicar por qué el estoicismo y el epicureismo ganaron adeptos rápidamente en Atenas y en otros lugares.
Alejandro ayudó a socavar valores que los declinantes estados ciudad habían proclamado antaño orgullosamente, y la ética de Aristóteles presupone como contexto social una ciudad estado como Atenas. Diógenes el Cínico ya desafiaba las convenciones básicas de la vida ciudadana de la Grecia clásica antes de la muerte de Alejandro. Alejandro salió a conquistar el mundo exterior. Diógenes se proponía mostrar a los hombres como dominar sus propios temores y deseos. No compartió ninguno de los intereses de Aristóteles por la lógica o la metafísica, y atacó la ciudad estado como institución. Propiciaba una vida ascética fundada en la naturaleza humana, cuya racionalidad estaba en desacuerdo, según él, con las prácticas de la sociedad griega.
Tras las ideas de Diógenes yace una profunda preocupación por los valores morales que nos recuerda a Sócrates. La diferencia estriba en el no obediencia a ciudad alguna. Sus valores éticos no tomaban en cuenta categoría social o nacionalidad. Para Diógenes contaba el ser humano individual y el bienestar que podía alcanzar en virtud puramente de sus dotes naturales. Este rasgo es común a toda la filosofía helenística. La ciudad queda en segundo plano. Diógenes lo señala con anterioridad a la desaparición de Alejandro.
Bibliografía:
Anthony A. Long. la filosofía helenística. Alianza Universidad. Madrid 1997
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