Helenístico es un término que hace referencia a la civilización griega, y más tarde, a la grecorromana, en el periodo que comienza con la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) y finaliza, convencionalmente, con la victoria de Octavio sobre Marco Antonio en la batalla de Actium en el año 31 a. C. En este periodo no es la filosofía platónica ni la aristotélica quien ocupa el lugar central de la filosofía. Es el estoicismo, el escepticismo y el epicureismo. Estos movimientos son causa y síntoma de una época ecléctica del pensamiento griego y romano.
El imperio oriental de Alejandro se desintegró en las guerras y contiendas dinásticas que siguieron a su muerte prematura. Pero preparó el terreno para una expansión sin paragón de la cultura griega. Las ciudades como la egipcia Alejandría o la siria Antioquía fueron creaciones griegas. Sus soldados, funcionarios y comerciantes que se asentaron en el reino egipcio de los Tolomeos o el sirio de los Seleucidas se trasladaron o trasplantaron de las instituciones sociales de la Grecia continental. Una cultura común que se modificaba por las diferentes influencias de diferentes lugares, pero, sobre todo, una lengua común, el griego, les daba sentido de unidad.
El nuevo centro de las artes y las ciencias fue Alejandría con poder suficiente para atraer a hombres a hombres de letras y estudiosos y que eclipsó a Atenas en diversidad cultural. Está mantuvo su primacía en la filosofía. Otras ciudades en otros lugares como Antioquía, Pergamo y Esmirna fueron focos de cultura que compitieron por la protección de poetas, filósofos, historiadores y científicos.
Bibliografía:
Anthony A. Long. La filosofía helenística. Alianza Universidad. Madrid 1997
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