lunes, 13 de abril de 2026

La vuelta a la naturaleza

      

     Se dice de Horacio que gustaba de la vuelta a la naturaleza, alejado del tráfago de la vida en Roma, que le permitía reflexionar, alcanzar la serenidad de espíritu y obtener una dorada medianía y olvido. Donde lo importante no fuera ser el más rico o el más pobre, sino el tiempo que pudiera disfrutar de la lectura, el estudio y la escritura, porque sabía que el tiempo acabaría, y buscaba su aprovechamiento. Aceptaba de este modo los ciclos de la vida y su reanudación cada primavera.

     El ideal de la época horaciana fue recogido por Fray Luis de León en el siglo XVI. La vuelta a la naturaleza se acompañaba del elogio a la soledad y la fuga de la ambición y la vanidad de la ciudad. El orden y la serenidad se imponía a las discusiones bizantinas. La naturaleza o el paisaje era una fuente de aprendizaje. Era la oda a la vida retirada. 

     Un siglo más tarde, Quevedo fue desterrado a la paz de los desiertos, con el acompañamiento de unos pocos y escogidos libros como escape a su condena. Condenado a tener charlas con los muertos a los que escucha por sus ojos. La decepción del instante le abruma. 

     Le salva, no obstante, la perpetua memoria que quedará en los libros con la imprenta. Es un signo de modernidad porque asimila los avances tecnológicos de la época. Y un apremio a realizar empeños provechosos en una vida perecedera. 

     Como resumen: ¿Qué necesidad hay? Hagamos aquello que pueda ser provechoso con disfrute. Agradezcamos o alabemos lo que queramos, hayamos visto o realizado, y olvidemos el resto. 

     

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- https://youtu.be/EiZ8JvApj30?is=19N0Jnq43ZiBbtBS

- https://youtu.be/1fn2snU9SOE?is=nwzC_lxv0BryQbnu

- https://youtu.be/DlJm-Rmm5g8?is=I0PM-6UOauS7E-l6 




13-04-2026 12:22, actualizado 14-4-26 11:30