Gabriel de Mortillet (1821-1898) fue un arqueólogo francés que estableció una clasificación del Paleolítico con cronología relativa al desarrollo de unas fases a las que nombró según yacimientos epónimos y que dentro de la doctrina francesa gozó de gran predicamento.
Su obra se inserta en una época influida desde 1859 con la publicación de “El origen de las especies”, al calor de los yacimientos prehistóricos que se descubren durante el siglo XIX y a la clasificación y/o sistematización de éstos y de los restos que se encontraron.
Partidario del evolucionismo lineal no aceptó la posibilidad de religiosidad o de un arte antes del neolítico. Es el dilema cazadores-recolectores del Paleolítico contra agricultores del Neolítico. Probablemente considere a nuestros primeros antepasados más cercanos a un mono, a un animal, que a un ser humano al analizar las condiciones de salubridad de los yacimientos.
La búsqueda de sustento era una cuestión de todo el grupo. Hoy se matiza que más que caza pudo ser búsqueda de alimento carroño muerto, tal vez de forma natural o cazada por otros animales. Cuando no quedaba más remedio se cazaba, pero esto provocaba la cooperación de otros grupos o de más personas. Era un rasgo de sociabilidad.
La recolección de vegetales se hubo de practicar como más segura. Si hubo reparto de tareas entre macho/hombre y hembra o mujer, de Mortillet no se deduce. Y puede que inicialmente la única diferencia fuese la reproductiva.
Otros restos en los lugares de habitación serían los restos humanos y los producidos por los efectos de la naturaleza que afectarían a estos y a los restos óseos y líticos.
Los métodos de datación estaban todavía poco desarrollados. Habla, Mortillet, de gustos gastronómicos cuando probablemente no había para elegir. No se comería por placer sino por necesidad.
Mortillet fue un clasificador de la prehistoria que estuvo sometido a las limitaciones de su tiempo pero que supuso un avance en los estudios del hombre prehistórico. Cometió errores pero ayudó a su desarrollo. Se equivoco en la negación del arte parietal, recuérdese la polémica por la veracidad de la cueva de Altamira tras su hallazgo en 1879 por la doctrina española y francesa, y del culto a los muertos, debido a su radical ateismo. Y a la clasificación del Auriñaciense como una fase de transición entre el Solutrense y el Magdaleniense por los restos óseos típicos en áquel periodo, escasos en el solutrense y habituales en el magdaleniense . Henri Breuil situó este periodo anterior al Solutrense. Y los descubrimientos de arte parietal a finales del siglo XIX y principios del XX desmintieron a Mortillet.
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