EL CONOCIMIENTO 1.
Conocimiento causal y ciencia deductiva 1.1.
Hobbes comparte con Descartes que la filosofía debe fundarse únicamente en la razón. No comparte la metafísica espiritual que subyace al pensamiento cartesiano pues la base de su filosofía lo constituyen supuestos materialistas y nominalistas. Comparte, en principio, con Bacon la idea del saber basado en las causas; por tanto, el conocimiento de los efectos a partir de sus causas.
Pero, puesto que para Hobbes, la causa última de todos los fenómenos es el movimiento, y este es una pura relación matemática que nosotros podemos construir, ya no coincide tanto con Bacon sino con Galileo.
Una causa alude simplemente a unas condiciones que llevan necesariamente a un determinado efecto o resultado. Hobbes fue el primero que trasladó el modelo del conocimiento físico- matemático al campo de la filosofía.
El paradigma matemático 1.2.
El desarrollo de la geometría y las matemáticas contribuyen a la definición hobbesiana del conocimiento. Los conceptos geométricos desde el siglo XVII no son conceptos acabados, fijos y determinados que nosotros nos limitamos a recibir. Los construimos nosotros a partir de sus elementos y sabemos lo que son cuando lo formamos desde su origen en nuestra mente.
Y es en este siglo cuando tiene lugar el tránsito de la geometría y el algebra elementales al análisis infinitesimal, de gran inportancia para la comprensión de las discusiones epistemológicas. A través de este tránsito se puede entender el postulado fundamental de Hobbes según el cual la génesis y la formación de un concepto en nuestra mente es lo que alcanza el rango de principio racional fundamental.
El funcionamiento de la razón como cálculo 1.3.
El hombre posee con los animales la función de previsión pues ellos son capaces de cierta presunción de futuro adquirida mediante la experiencia del pasado. Sin embargo, en el hombre esta posibilidad de previsión se transforma, mediante el lenguaje, en la facultad de razonar y en un entramado de conexiones entre antecedentes y consecuentes que da lugar a la ciencia.
Para Hobbes todas las operaciones racionales son reductibles a operaciones de cálculo. Hobbes entiende el cálculo como una operación intuitiva y libre. El cálculo se refiere sólo al enlace y combinación de elementos que previamente hemos establecido mediante aquellas definiciones causales de las que hablábamos antes, y cuyo modelo es la geometría.
El conocimento científico, para Hobbes, no es empírico, sino deductivo-matemático- como para Galileo-, en la medida en que no se refiere a hechos ni a propiedades observables en los hechos, sino a conexiones necesarias. La razón es una aptitud que se adquiere con el ejercicio, parte de una primera actividad como es la invención de los hombres y se despliega en un método que procede de los nombres a las proposiciones y de estas a los silogismos, llegando así al conocimiento del más vasto número de conexiones posibles.
La reducción de la lógica a la gramática 1.4.
Para Hobbes, los signos -los elementos con los que construimos nuestro conocimiento- no son innatos, sino arbitrarios, convencionales, de manera que podrían haber sido distintos y pueden modificarse por otros y combinarse de maneras nuevas. El objeto de la filosfía sólo lo constituyen los términos que pueden utilizarse en la descripción de las apariencias sensibles.
La verdad está en los nombres, en las palabras combinadas de una determinada manera según un lenguaje establecido. Encontramos así una definición de ciencia que sobrepasa con mucho a su época. Una ciencia como creación libre y voluntaria del hombre que combian conceptos y nombres de cosas.
El método como combinación y sucesión ordenada de nuestro pensamiento, solo puede plasmarse y tener validez general mediante determinadas formas de conexión gramatical entre palabras. Esto ha llevado a ver más nominalismo que empirismo pues lo que Hobbes sostiene es que el conocimiento científico se desarrolla a partir de principios creados por uno mismo que luego nos vinculan. Los productos de la razón, una vez nacidos, se desprenden para siempre de las condiciones de las que han brotado para convertirse en una realidad independiente, que en lo sucesivo nos domina y gobierna de forma categórica e imperativa, prescribiendo leyes de pensamiento y de nuestros actos.
LA SOCIEDAD Y EL ESTADO 2
El mecanismo de la naturaleza humana 2.1.
Los cuerpos, para Hobbes, son los únicos objeros de conocimiento posibles para la razón, por lo que todo lo que no es material queda fuera de las posibilidades de la ciencia y la filosofía. El espíritu y el alma son también corpóreos pues sólo pueden ser explicados racionalmente por medio de un proceso genético que acaba en el cuerpo.
El cuerpo, como mecanismo, constituye la base material de la que es necesario partir para entender la naturaleza humana. Las emociones se originan en los movimientos que proceden de los objetos externos que se dirigen al interior del cuerpo que las experimenta. La fuerza de la que dependen las emociones es el apetito o el instinto, que impulsa a buscar el placer y a huir del dolor.
Apetición y aversión no dependen de la voluntad del hombre, sino que se determinan directamente por los objetos externos. La voluntad misma es un deseo determinado por las cosas externas.
Nunca se alcanza un estado definitivo de satisfación y serenidad porque cuando se se enfrentan en la mente humana apetitos y aversiones distintas y se proyectan las consecuencias de unos y otras, se produce la deliberación que soluciona transitoriamente la situación hasta que nuevas situaciones inciten de nuevo a la voluntad. No hay otro bien que avanzar sin obstáculos hacia fines siempre nuevos. Sólo se podría hablar de libertad como ausencia de obstáculos a la acción que no estén contenidos en la naturaleza. Sería libertad para actuar, y no es posible la libertad de querer por que los objetos que suscitan el deseo y la volición no dependen del control del hombre sino que son suscitados por los movimientos de los objetos externos.
La geometría de la política 2.2.
Hobbes trata de fundar los principios de la sociedad civil sobre el mecanismo de la naturaleza humana, aplicando el método matemático, con el fin de conducir al hombre a una convivencia social ordenada.
Los dos postulados de la naturaleza humana en los que ha de basarse la ciencia política son: la avidez natural, por la que cada uno pretende gozar él solo de los bienes comunes, y la razón natural, por la que cada uno huye de la muerte violenta como del peor de los males naturales. El primero de estos postulados excluye que el hombre sea una animal político, es decir, aunque los hombres necesiten unos de otros, no tienen por naturaleza un instinto que les mueva a la benevolencia y al amor recíproco. La sociedad nace de la necesidad recíproca o de la ambición. En realidad el origen de las sociedades es el temor recíproco, el miedo al otro. La principal causa de este temor es la igualdad de la naturaleza en todos los hombres. Junto a esta causa se añade la voluntad de dañarse mutuamente que deriva de la escasez de bienes por los que se compite y por la discrepancia de opiniones.
El estado de naturaleza es un estado de guerra incesante de todos contra todos, en el que no existe la noción de lo justo o lo injusto en tanto no se establezca una ley promulgada o impuesta por un poder común. El instinto que mueve en cada hombre todo lo que está en su poder para defenderse y predominar sobre los otros puede llamarse derecho mientras no haya encontrado otra forma de hacer todo lo posible por sobrevivir. Pero esa situación de guerra perpetua impide la actividad comercial, el trabajo, la industria, la agricultura, etc., reduciendo al hombre al estado animal. Puesto que su razón es la aptitud para prever y anticipar las consecuencias mediante una cálculo de las necesidades y exigencias humanas, es ella la que induce a promover un principio normativo (la ley natural) del que deriven las leyes y normas de la vida civilizada.
La ley natural se funda en la razón humana. Esta racionalidad está en íntima relación con la condición que la razón tiene como facultad finita de cálculo y previsión. Las normas de derecho natural se orientan a librar al ser humano del estado de guerra generalizado y a imponerle una disciplina que le proporcione seguridad y el libre desarrollo de sus actividades civiles. La principal de las normas es buscar la paz y, si no se puede, utilizar todos los recursos de la guerra.
Leviatan: el absolutismo político 2.3.
En cumplimiento de esta ley natural entiende Hobbes el acto por el que los seres humanos pasan del estado de naturaleza al estado civil, y que tiene lugar mediante un contrato, el contrato social como acuerdo por el que los hombres renuncian a su ilimitado arbitrio propio del estado de naturaleza y facultan a los dirigentes para que construyan un estado de derecho que pueda constituir una defensa estable para todos. El sometimiento a un mandatario de la voluntad de cada hombre y el obedecer y aceptar las decisiones que tome, logra el marco adecuado para beneficiarse recíprocamente de la colaboración de todos y vivir en paz. Así nace la sociedad civil o Estado.
El mandatario o asamblea ostentan la representación del Estado y su poder es soberano, mientras que los demás son súbditos. Llama Leviatan a este Estado porque , por la autoridad a él conferida por cada individuo de la comunidad, tiene tanta fuerza y poder que puede dominar, por el terror, la voluntad de todos con miras a la paz interna y a la ayuda mutua contra los enemigos exteriores.
Esta es la teoría del absolutismo político y sus condiciones son: la primera es la irreversibilidad del pacto fundamental porque el derecho nace de los pactos entre los subditos entre sí y con el Estado. La segunda es que el poder soberano sea indivisible pues la división de poderes no es conveniente porque si actúan de forma consensuada eso iría en detrimento de la libertad de los súbditos y si actúan en desacuerdo pronto se llegaría a la guerra civil. La tercera condición es que el jucio sobre el bien y el mal es perrogativa del Estado y no de los ciudadanos. La cuarta condición es que el Estado puede exigir obediencia de un modo incondicional incluso si dicta leyes injustas y no es lícito el tiranicidio. La quinta, como culminación, es que el Estado no estaría sometido a las propia leyes del Estado pues solo se puede obligar respecto a otro.
A pesar de tales condiciones, Hobbes reconoce algunos límites al absolutismo político como que el Estado no puede mandar a un hombre que se mate o hiera a si mismo o a una persona querida, a no defenderse o alimentarse o a acusarse a si mismo de un delito. Como poder absoluto que es, debe incluir también el poder religioso pues los ciudadanos sobre los que recae ese poder son los mismos que el del Estado. La diferencia es sólo nominal porque el Estado recae sobre ciudadanos y la Iglesia sobre cristianos.
Obra consultada:
Diego Sánchez Meca: Historia de la filosofía moderna y contemporánea. Dykinson 2010
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