Nos creemos dioses y solo poseemos una ciega soberbia. Hablamos sin parar, vertimos opiniones con una mínima profundidad y les damos el aspecto de sentencia definitiva.
Despreciamos a los que no piensan como nosotros. Si critican nuestro orden establecido, no utilizamos argumentos, les descalificamos. Si alguien se aviene a indicarnos que nuestro mundo feliz no es tan bello como parece, les insultamos porque nadie puede quebrarnos el mundo que hemos creado.
Si alguien critica a los que hacen posible el mundo feliz que se nos ha dado, a nuestros gobernantes, se le llama antidemocrático o antisistema sin escuchar sus razones.
Tenemos un miedo cerval a perder nuestra forma de vida establecida por el trabajo que nos ha costado conseguirlo, porque el tiempo pasado nos ha hecho madurar, pero también nos hemos perdido el vigor de la juventud, y con la edad, la lucha y el esfuerzo se hace mayor, y somos más débiles.
Debemos tener claro que no será todo igual y que irá cambiando con el tiempo; que debemos pensar que todo puede variar y que debemos afrontar las situaciones cuando estas se presenten.
Creer que nada cambiará y que todo seguirá como fue en su primer momento es una equivocación. Y más si pensamos que es algo inmutable.
Actualizado 10-11-2025